LA JAIMA

-“Me gusta que me miren…”

-“Mmmmm, a mí también. ”

Sentados sobre las toallas en una pequeña cala en la costa gaditana, mirábamos los cuerpos desnudos de la gente que como nosotros gustaba de quitarse esa incómoda prenda. El bañador.

Sus pechos relucían devolviendo la sonrisa al sol.

Su pubis depilado por completo también sonría, solo que parecía hacerlo mirándo hacia mi.

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-“La verdad es que me da un morbo increíble sentirme observada mientras me colmas de placer. ”

-“Vas a conseguir que me excite. Sabes que contigo, eso es muy fácil. ”

No me dio tiempo a decir nada más. Sus labios mordieron los míos al tiempo que sus manos me acariciaban.

Con ella todo es especial. Todo. Hasta lo más insignificante. Con Mia, incluso yo parezco especial. Tiene ese poder.

Y allí estábamos. En una playa con apenas gente. Con gente, con apenas ropa. Con ropa, que apenas escondía unos centímetros de piel. Con la piel desnuda ante nuestros ojos.
El sol era el protagonista de la playa. Estaba a punto de irse a descansar. Pronto estaría buceando en el Atlántico.


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A eso habíamos ido hasta allí. A ver la puesta de sol. A verla desnudos….  Para qué el sol nos viera haciendo el amor al tiempo que se dejaba mojar por el mar. Aunque si éramos los tres los que acabábamos empapados, tampoco pasaría nada.

-“Me da morbo que me miren, o tal vez el morbo me lo proporciona más la idea de ser “sorprendido” amandote en un lugar público.” Le dije.
-“Pues tal vez haya llegado el momento de despejar esa duda. Aquí no serás sorprendido. Los sorprendidos serán ellos. ”


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Volvió a besarme, solo que esta vez con mucha más intensidad.

No sabría decir que me excitó más en ese primer instante. Tal vez, estar en la playa con gente que había ido a ver la puesta de sol, gente a la que le resultaría imposible no vernos. O tal vez el hecho de notar como su excitación iba por delante de la Mía.

Si. El morbo y sus besos hicieron efecto.

El cielo se iba tiñendo de rojo. Las pocas nubes que adornaban el cielo, parecían desfilar presumidas ante el Sol, mientras este, iba mojándose al entrar en el océano.

-“Ven. Corre. Vayamos al agua. Quiero que me llenes en el mar. Que me llenéis los dos. Corre. El sol no nos espera. ”

En pie, tiró de mi mano y me arrastró hasta la orilla.

Primero los pies, luego las rodillas, después los muslos…. después…Mmmm. No hubo después. Cuando las acariciantes y minúsculas olas estaban a punto de esconder lo que no se podía ya esconder, me sujetó con un brazo y con su otra mano tomó el timón y con un pequeño salto hizo que desapareciera en su interior.

-“Sisisisisi. Quiero que me llenes. Quiero que me hagas el amor. Que te vacíes en mi al desaparecer el Sol.”

Las olas apenas tapaban de vez en cuando sus nalgas que se movían arriba y abajo. Sus brazos abrazaban mi cuello al tiempo que su lengua se hundía en mi mientras yo me hundía en ella. El Sol, hacia lo propio.

Éramos cuatro en comunión. Bailando juntos la danza del amor.

-“Follame. Me susurraba. ”

-“Follame. Lo quiero ya. ”

El mar me ayudaba a sostenerla casi sin esfuerzo. Mis manos en sus nalgas la ayudaban a subir. No necesitaba ayuda para bajar. Sabía bailar como bailan las sirenas.

Era delicioso sentir el frescor del agua y el calor de su interior. Delicioso….delicioso….

Su mirada se perdía en el horizonte. Y en sus ojos podía ver cómo el Sol me ganaba por momentos. Casi se había consumido en el mar mientras yo aún no había hecho sino empezar.

Quise ver también ese momento quise ser testigo de cómo el océano devoraba el día para convertirlo en noche.

Una ola mas fuerte que un titán nos alcanzó en ese instante e hizo que me tambaleara, soltándola y dejándola caer.

La abrace por detrás y juntos vimos desaparecer el último hilo de luz.
De repente, la gente comenzó a aplaudir….

-“Dios mío!!! Espero que aplaudan la puesta de sol y no a nosotros. Susurre medio avergonzado. ”
-“Salgamos del agua. Vamos a la arena. Allí no tendrás dudas si vuelven a aplaudir….”

Podia haber sido verdad y de hecho lo fue, aunque me lo esté inventando


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Todo el mundo va allí al ponerse el sol.
La Jaima es el lugar donde confluyen pasos, risas, miradas….

Nuestros pasos nos llevaban también allí.

Al fin y al cabo, nos gusta que nos miren…
Apenas unos instantes antes nos habíamos despedido del sol mientras nuestros cuerpos lo festejaban en la arena envueltos en deseo, respiración entrecortada y miradas lascivas de quienes allí se hallaban.
Ahora Rosaluma me envolvía de nuevo en sus brazos, mientras caminábamos sin apenas separar nuestras miradas ni dejar de sonreír recordando nuestro sol.
Mmmmm…siiii…nos gusta que nos miren…

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Ya nos estaban esperando… al llegar pudimos sentir sus miradas recorriéndonos y nuestra piel erizándose mientras nos acercábamos a la barra. Sus miradas nos seguían aún cuando nos acomodamos en unos puff con sendos mojitos y besos.

-“Los amantes ya están aquí,  ya podemos empezar”

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Cómo me excita que nos miren!!
De pronto, como si de una danza, perfectamente coordinada, se tratase los asientos centrales se vaciaron y fueron recogidos por el sexy staff dejando el espacio libre para bailar.
La música elevó la voz para tomar protagonismo y todos los cuerpos se levantaron al tiempo.

La hora había llegado.

Party time….wowww!

.
Mi principe me sacó a bailar con un largo beso y su mano bajo mi vestido ibicenco. Nuestros cuerpos se entrelazaron ahora en posición vertical repitiendo lo que antes hicieron en horizontal…

.

mmmmm… amo que nos miren.
Podía sentir su erección contra mi muslo y sus ojos penetrando en los míos.

-“Déjate llevar, me dijo.” Y lo hice.

Me perdí en sus fuertes brazos de nuevo y danzamos, danzamos, danzamos……

Todos nos miraban…nos encantaba!!
Bailamos y bebimos. Reímos y nos emborrachamos de besos, mientras seguíamos contoneándonos…

Dos parejas de chicos jóvenes que seguramente habían intoxicado su cuerpo de algo más que mojitos, comenzaron a bailar con nosotros.
Las manos de ellos no paraban quietas manoseando a placer los cuerpos de las chicas que escasas de ropa mostraban el gusto por las miradas ajenas tanto como nosotros. La música se volvió lenta por un momento para animar a la gente a visitar la barra para reponer fluidos, momento que los dos chicos recién conocidos aprovecharon para hablar al oído a Rosaluma. Poco después desaparecieron en busca de polvos mágicos. Pero Rosaluma se quedó con nosotras.

Hubo intercambio de miradas al principio e intercambio de besos poco después. La orgia estaba asegurada.

Rosaluma, nos beso a las tres en un beso imposible. El juego de las cuatro lenguas era realmente excitante.

Verle jugando con sus cuerpos y sentirlas a ellas jugando con el mío me excitó hasta umbrales insospechados.

Sus pechos eran firmes. Sus culitos duros y jugosos.

Sentir seis manos en mi cuerpo acariciandome, luchando por cada centímetro de mi piel, peleando en mi entrepierna… Mmmm cerré los ojos y deje que hicieran. Que hicieran lo que quisieran. Me besaron, me lamieron, me mordieron.

Me sobraba el vestido. Sentía la necesidad de arrancarlo y dejar mi bikini como único abrigo.

Abrí los ojos extasiada y me sorprendí viendo como ellas ya habían hecho con sus ropas lo que yo deseaba hacer con la mía.

Mucha gente se animó a hacer lo mismo y comenzaron a rodearnos bailando al ritmo de la música que había vuelto a ser la del principio.

La noche ya era cerrada. Las luces de la Jaima eran tenues e incitadoras. Apetecía llegar al extasis. Apetecían dosis de orgasmo.

No quería más mojitos. Quería el sexo de Rosaluma.

Le miré y me entendió.

.
Rosaluma dijo “Ven” y yo le seguí.

Salimos de aquel lugar hacia la noche oscura con la luna llena como cómplice.

Una cala olvidada nos esperaba.

Sería testigo ideal de nuestro deseo libre de nuevo…

Nos encanta que nos miren!!

La Jaima-. Avd de Trafalgar s/n. Caños de Meca, Cádiz 

Premio Bitácora. Agradezco tu Voto aquí 

Texto escrito a dúo entre Mía y Rosaluma. 

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Todas las fotografías por Rosaluma excepto donde lo indique.  Gif de la Jaima capturado de Google STREET view.


© Rosaluma. Todos los derechos Reservados.

Doña Tecla

Atasco. 20:20. Hice bien en quedar a menos cuarto. Vamos, vamos…. Venga, tranquila, no sea que encima tengamos un problema…

Ninguna realidad va a estropearme esto. No voy a permitir que sea como otras veces. Quiero que mis ojos sonrían más que mi boca, que mi corazón se mueva más rápido que mis rodillas, que mi mirada busque la tuya y la tuya la mía y rompamos a reír en medio de un remolino nervioso de ángeles que pasan. Cerraré los ojos si hace falta, bloquearé mi mente si es preciso… pero quiero que me gustes.

Llevo el vestido naranja… deja mis hombros descubiertos…quiero que sientas mi olor cuando me des dos besos. Tú lo querías… saber si soy el olor que buscas. Estoy lista para que te acerques a mi y sentir que tu instinto cálido se activa, recorriendo discretamente mi piel, desde el cuello hasta los hombros, mi cuerpo hablándole al tuyo a través de la fina película de aire y humedad que los separa. Y buscar en tus ojos ese pequeño cambio en la mirada, algo indescriptible pero inconfundible que me confirme que la química ha traspasado la barrera y te va inundando… igual que a mi…

Yo ya más no puedo hacer. No, no, ninguna realidad va estropearme esto…

Te pedí que cuando me vieras no me dijeras el típico hola!. Dime cualquier otra cosa, pero por favor, no me saludes como al resto. Pase lo que pase,  que nuestras primeras palabras estén a la altura de nuestros últimos mensajes…

…Éste es el lugar… Aquí hemos quedado. Supongo que lo encontrarás… Solo hay un parque con columpios en la zona.

Los nervios me comen. No sé qué hacer con las manos. Bendito móvil… Música, noticias, lo que sea…

Te veo a diez metros. Me has visto tú también.

Siete metros. Sonrío. Sin querer bajo un poco la cabeza… no quiero que lo interpretes como gesto de rechazo… La vuelvo a subir y te miro de nuevo.

Tres metros. Te ríes, echando ligeramente la cabeza hacia atrás, mostrando tus dientes blancos…

Un metro. Alargo la mano y te cojo por tu camiseta. No te voy a dar ocasión de decirme hola… no te voy a dar ocasión de decirme nada.

Milímetros…

Bienvenida, realidad.

Podía haber sido verdad, y de hecho lo fue aunque me lo esté inventando


Texto original de Aker H. En desinteresada colaboración con Placeroral.

Segunda cita. Estaba aún más nervioso que en la primera. Ella ya estaba allí. Sentada en un taburete tomando una copa de vino. 

La vi por una de las ventanas de restaurante. Leía algo. No podía ver que era y además no quería ser descubierto. Me decidí y entre.

Me vio y de repente la sala de Doña Tecla se iluminó. Todo brillaba. Sus ojos proyectaban luz por todas partes. No pude evitar parpadear, pero cada vez que abría mis ojos veía los suyos cada vez más brillantes…azules, cada vez mas azules,… Verdes, cada vez más verdes,…uno más verde que el otro. Uno mas azul que el otro. Luego parecían color chocolate y al final eran del color del arco iris. Su mirada me hizo perder la cabeza. 
Su vestido también era de colores. De los colores del postre que pedimos. Ella no se daba cuenta pero ese postre parecía inspirado en la ropa que me impedía ver parte de sus encantos. Su vestido desordenó mi mente, del mismo modo en que desordenó mis recuerdos de la cena. No se que fue primero…¿fue el postre?…Le había pedido que vistiera con unos vaqueros y una cómoda camiseta, pero tal y como iba vestida también estaba preciosa.  

El “Carpaccio de frutas con azúcar de Caña y Sorbete de Mojito” no sólo estaba muy rico, sino que además iba a servir de preámbulo a las copas que vendrían después. Copas, que se reservaban para casi el final. 

Antes, habíamos estado compartiendo también un “Solomillo A la plancha al punto, Fileteado” y que estaba, delicioso. Fue el único momento en que me distraje y la hablaba y escuchaba manteniendo la mirada fija en el plato. 

Me distraje porque no podía comer la carne roja y jugosa… Templada y sazonada… Suave en la lengua y sabrosa al paladar, sin pensar en su sexo desnudo. No quería que viera el deseo en mis ojos. No… Se lo había prometido.  

Me incliné  sobre el plato y comí el solomillo como si no lo hubiera comido nunca. Como un gañán .
Unos minutos antes, pese a que el camarero nos había puesto platos nuevos, habíamos estado comiendo del mismo plato el “Tartar de Atún Rojo con Aguacate, helado de Wasabi y Galleta de Parmesano” 

Increíble su sabor, sobretodo si no se mezclaba con el helado. Éste , era mejor saborearlo por separado. La baja temperatura del helado, robaba sabor al atún. El wasabi será protagonista en otra historia. 

Hablábamos de Prince. De sus sinfonías, de como sonaban los instrumentos en perfecta conjunción. Del tempo, del ritmo, de las partituras y de como había podido escribir tanta y tan buena música en su tiempo. Allá por la segunda mitad del siglo XVIII.

¿Era de Prince o de Mozart de quien hablábamos? No lo se con seguridad. 

(Prince, click aquí)

(Mozart, click aquí)

El atún y el movimiento de su cuerpo mientras hablaba, me tenían flotando en una nebulosa de placeres tanto orales como visuales. Verla emocionada hablando de música, hacia que yo también me emocionara.

Antes la había cogido  las manos. La conversación lo requería y el camarero había colaborado retirando los platos. La mesa había quedado desierta y solo las dos copas de vino como dos soles rojos resplandecían en ella. Sus manos jugueteaban una con la otra sobre el mantel mientras la conversación iba haciéndose más  profunda. Acabábamos de comernos las “Alcachofas Salteadas con Tallarines de Sepia al jerez”. 

No me enteré  de si comió mucho o poco porque aún seguía deslumbrado por el brillo de sus ojos y porque el plato estaba tan rico, que mis sentidos estaban ensimismados en las alcachofas. 

  
Recuerdo que tardamos en decidirnos sobre qué pedir primero. Los precios eran elevados incluso para mi tarjeta de crédito. Y aunque me invitaba ella, o tal vez porque me invitaba ella,…yo… Miraba más los precios que los platos, que con una bonita caligrafía, presentaba la carta.

Finalmente ella dio las opciones y yo asentí. No podía poner pegas. Todo en Doña Tecla es delicioso. 

  

Nos dirigimos a la terraza que tiene Doña Tecla. En ese momento vi la preciosa Boucarnea que hay a la entrada y que no había visto al entrar. 

Una vez en la terraza, nos acomodamos en uno de sus cómodos puffs.

Pedimos las copas y hablamos y hablamos hasta casi el amanecer. 

De lo que hablamos no me acuerdo. Y lo que sentí, lo he olvidado. Podría inventármelo como todo lo demás. Pero hoy me apetece realidad. 
   

 Doña Tecla es caro para mi bolsillo. Pero merece muy mucho la pena.

Web de Doña Tecla, click aquí

Doña Tecla en Tripadvisor, click aquí

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