El Marinero

Déjame decirte una cosa.
Quiero ser la estrella que alumbra tu sexo.

Antes de que hagamos nada…

Déjame decirte una cosa…

… Cuando me enamoro…

Mi estomago susurra secretos…

Cada vez que me rozas, siento gotas de lluvia cayendo a cámara lenta.

… Cuando me enamoro…

Siento tus caderas moviéndose mas rápido que un tren fuera de control.

… Y llueve… Diossss…Como llueve…!!!

Gota y gota tras gota, agua, agua, agua…

Ven a bañarte conmigo…

Ahoguémonos mutuamente en cada una de estas sensaciones.

Báñate conmigo…

Cubramos al mundo con tu perfume y mi loción 

Déjame tocar tu cuerpo … Hasta convertir el río en océano…

Vestidos solo con nuestros besos… Besos sinónimo de que nada esta prohibido…

No existen los tabúes…

… Cuando me enamoro…

Mi cuerpo tiembla con tu mera contemplación…

…ven…

Te mostrare el significado de la compenetración…

Ven… Pero antes…deja a mi lengua jugar con la “V” de tu amor…

…Cuando me enamoro…

…ven… Abrázame… No te muevas…

Antes de empezar…

¿Estamos solos?

Porque yo estoy a punto de abrir mi corazón.

Es el momento de enviar a la gente a casa y de encender las velas…

Quiero que me entiendas…

Solo busco llevarte hasta… más allá de la satisfacción.

Al sol aun le queda tiempo y la noche va a ser muy…

…muy larga…

Hagamos esta fantasía real…

… Uhmm… Traspasemos lo físico…

Porque… Cuando me enamoro…

Si, lo se…

Seguro que has tenido otros amantes…

Pero déjame decirte una cosa niña…

En mis besos tengo magia.

Y te puedo sacar de tu cuerpo.

Todo esta en tu mente…

Siénteme…

¿Has deseado alguna vez morir de placer traspasando la satisfacción? 

No… No contestes ahora… Mejor cuando estemos solos.

Podía haber sido verdad y de hecho lo fue aunque me lo esté inventando.


Pretencioso como un marinero.

Atrevido y sin dinero.

Hambriento de sed….. 

Me embarque en un barco fantasma. Casi tan fantasma como yo. Tan solo era uno más de los polizones que queríamos aventuras nuevas en las costas del Cantábrico.

Viajaba escondido en el camarote de la Capitana del galeón y fui testigo al principio y coprotagonista después de sus placeres más íntimos…pero no es de eso de lo que escribiré ahora, sino del restaurante donde comí gastándome las pocas monedas que me pago por mis servicios de alcoba.

“El Marinero”. Así se lama el bonito restaurante.

Esta ubicado en el paseo marítimo de Suances. Una localidad no muy vistosa de la costa Cantabra. Santander, España.

Digo, no muy vistosa, porque no tiene una esbelta catedral. Tampoco un casco histórico con castillos y mazmorras donde disfrutar del amor furtivo. Pero tiene unas playas preciosa y unas gentes encantadoras.

Me decidí por “El Marinero” porque tiene una decoración diferente a la de los restaurantes que lo acompañan.

Paredes blancas y columnas negras, sillas coloridas y mesas con una distribución más o menos intima. Sin sobrecargar el aforo.
  

Nada más entrar pregunte a una camarera si tenían mesas disponibles para las 14h y no muy simpáticamente me indicó que esperara. Cuando volvió con la noticia de que si tenía hueco para mi, le pregunte por una mesa en concreto… De una forma menos amigable si cabe, me dijo que no, por lo que tuve que elegir otra. 

También era buena ubicación, cerca de la cristalera que daba al paseo y lejos del tránsito de camareros y demás posibles comensales.

Tras una caminata bajo un cielo encapotado y una temperatura ambiente agradable, volví al restaurante.
  

De primero elegí ” Mejillones en Salsa, como los de mi madre”. Titulo literal. No quise preguntar como los hacia su madre. Temía una respuesta agria.

Cuando la camarera posó el plato sobre la mesa, me sonrió y mirándome a los ojos, me dijo “espero que sean de su gusto. A mi me resultan deliciosos”.

Estuve a punto de preguntarle por su hermana gemela, pero opte por auto convencerme de que durante mi paseo, alguien o incluso ella misma, habían pulsado en su botón de reset o bien se había puesto en “modo” amable.

Efectivamente, los mejillones estaban deliciosos y me dio pena comerme el ultimo.

  

Claro que sabiendo que el segundo plato era “Atún Rojo de Almadraba con Champiñones Kimuchi-Nomoto y Salsa Ponzu”, enseguida mi paladar se preparó para mi pescado preferido.

La presentación era diferente a como me lo han mostrado en otras ocasiones. 

Ya había avisado que el atún rojo a la plancha me gusta sin plancha. Con que en la cocina le digan al atún… Atún, esta es la plancha. Plancha, este es el atún… Es más que suficiente. No necesito que intimen demasiado. Basta con un pequeño saludo vuelta y vuelta.

Afortunadamente la pseudo borde camarera, había trasmitido mis deseos a la eficiente cocina de “El Marinero”

Espectacular el atún.
 

Y para terminar… La gran sorpresa. La traca final. El orgasmo con suspiro final, tan difícil de encontrar. 

Me deshice en la silla cuando lo pusieron ante mi. “Tarta de tres chocolates texturizados apoyada en helado de mango”

Pensé que tal vez la tarta ya sabia que era yo quien iba a disfrutarlo con mis labios, con mi lengua. Era yo quien iba a acariciarlo contra mi paladar. Yo…quien iba a excitarse al saborear sus matices, sus sabores, sus jugos.

Debía ser así. Debía saberlo y por eso se maquilló y se puso guapa. Y ahí estaba…vestida con su blusa blanca a rayas y sobre unos zapatos de cristal. Normal que debiera apoyarse sobre el mango. Helado de mango, tan naranja como el sol de un romántico atardecer. 

No pude evitar acordarme de “Mía” y quise enviarla un poco por uno de los más conocidos agujeros de gusano. Pero soy débil. Decidí comérmelo y después contárselo.

Exquisita, sensacional, impresionantemente apetitosa tarta de chocolate.

Web de El Marinero click aquí 
El Marinero en Tripadvisor click aquí 

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